La inteligencia artificial en los despachos de abogados: oportunidades y desafíos
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) es, nadie tiene ninguna duda, un reto universal. Y lo es también en el ámbito jurídico, es un cambio de paradigma que plantea un doble reto para los despachos de abogados.
Por un lado, está el desafío de asesorar adecuadamente a los clientes en disciplinas tradicionales como el derecho mercantil, laboral, la protección de datos o la propiedad intelectual, teniendo en cuenta el impacto de la IA, y la prácticamente nula regulación al respecto.
Por otro lado, está la necesidad de integrar esta tecnología en la propia estructura y operativa del despacho (tradicionalmente conservadoras) para mantenerse competitivo en un mercado cada vez más dinámico.
Primer reto: asesorar en un mundo afectado por la IA
El primer gran reto que debemos afrontar radica en entender la IA. Comprender cómo la inteligencia artificial está afectando (o no) a las disciplinas jurídicas tradicionales. Por ejemplo, en derecho mercantil, surgen nuevas preguntas sobre la responsabilidad de las decisiones tomadas por sistemas de IA; en propiedad intelectual, los debates se centran en la titularidad de las creaciones generadas por IA; y en derecho laboral, se cuestiona cómo regular el uso de IA por parte de los empleados y empleadores.
Para ofrecer un asesoramiento sólido frente a estas y otras consultas, los abogados no solo debemos entender el marco normativo, sino también el funcionamiento básico de la IA y su interacción con los usuarios humanos. Esto incluye comprender que la IA, especialmente la generativa, no es infalible y opera dentro de un marco de probabilidades y aprendizaje basado en datos. Este conocimiento permite evaluar adecuadamente cuál es la intervención de la IA en aquel supuesto de hecho: ¿Es la IA un sujeto? ¿Es la IA una herramienta? ¿Es un canal o toma decisiones automatizadas?
La respuesta a estas preguntas que son aparentemente básicas es clave para dar un correcto asesoramiento, para aplicar la analogía con doctrinas más tradicionales, para aplicar el sentido común y la experiencia. Pero es a menudo mucho más complicada de lo que pueda parecer, porque un elevado porcentaje de abogados no sabe ni entiende bien lo que es y cómo funciona la IA.
Segundo reto: Integrar la IA en el seno del despacho
El segundo desafío es de carácter interno: ¿deben y cómo pueden los despachos de abogados integrar la IA en su operativa diaria?
La realidad es clara: el despacho que no adopte esta tecnología de manera estratégica estará en desventaja frente a sus competidores. Hay una multitud de tareas que los abogados realizan diariamente que podrían automatizarse o agilizarse con IA, siempre respetando la confidencialidad y el secreto, como, por ejemplo:
- El acceso a modelos básicos y adaptados como punto de partida para la elaboración de un documento.
- El dictado y la asistencia a la redacción de correos electrónicos o explicaciones de contenido extenso.
- La elaboración de presentaciones o resúmenes.
- La generación de contenido pragmático, no técnico.
- La solución de consultas básicas si las herramientas están adecuadamente alimentadas con datos fiables.
- Y infinidad de tareas más si se conoce y se sabe utilizar la IA de forma ética y responsable.
Estas aplicaciones no solo aumentan la eficiencia, sino que también liberan tiempo para que los abogados se concentren en aspectos más técnicos y estratégicos del trabajo.
Yo voy a explicar un ejemplo real: El otro día debía elaborar un correo electrónico explicando a un cliente, y partiendo de mi conocimiento, distintas opciones que se abrían ante un supuesto de hecho, con indicación de implicaciones para cada una de ellas. Era un correo largo, así que, de camino a mi casa, un camino de 20 minutos a pie, le “expliqué” verbalmente a ChatGPT todo lo que quería poner en el correo, y le pedí que me ayudara a redactar el correo formal. En 5 minutos le había resumido el contenido, y en cuestión de 30 segundos tenía una propuesta de redacción. En cuanto llegué a casa, adapté el correo a mi estilo y lenguaje y lo envié. En este caso, la IA permitió aprovechar el tiempo muerto y transformar una tarea de 30 minutos en una de 5 minutos.
Sin embargo, esta integración debe realizarse con extrema cautela:
1.- Por un lado, debe utilizarse partiendo de la nula exposición de informaciones que afecten directa o indirectamente a los clientes. Uno debe ser selectivo en qué comparte y qué no. Será ideal para trabajar con información “pública” y anónima, pero hoy no tenemos garantías de que las herramientas sean suficientemente seguras. No olvidemos que se alimentan de las informaciones que les proporcionamos.
2.- Por otro lado, las herramientas de IA más populares, como hemos comprobado en múltiples ocasiones, cometen errores graves al interpretar la legislación o responder consultas jurídicas complejas. Esto no significa que debamos negarnos a utilizarlas, sino que debemos conocer sus limitaciones y usarlas exclusivamente en funciones donde son verdaderamente útiles, evitando riesgos legales para nuestros clientes o para nuestra reputación.
Prudencia y estrategia: claves para el éxito
La clave para abordar estos retos radica en la formación continua, tanto en el aspecto jurídico como en el tecnológico. Es imprescindible que los despachos invirtamos en el aprendizaje de cómo funciona la IA y cómo interactúa con los usuarios. Solo con este conocimiento será posible utilizarla de manera responsable y eficiente, diferenciando entre las tareas que puede automatizar y aquellas que requieren la intervención humana para garantizar la calidad del servicio.
Además, los despachos deben implementar protocolos de supervisión para garantizar que el contenido generado por la IA cumpla con los estándares legales y éticos que los clientes esperan. Este enfoque estratégico no solo protege a los clientes y al propio despacho, sino que también permite aprovechar al máximo las ventajas que nos ofrece la IA.
Sin duda, la IA representa tanto una oportunidad como un desafío para nuestro sector. Su impacto está redefiniendo la forma en que asesoramos a los clientes y la manera en que gestionamos nuestras propias operaciones internas. Entenderla, integrarla estratégicamente y utilizarla con prudencia serán los factores que diferencien a los despachos competitivos en el futuro cercano.
Este nuevo paradigma no consiste en reemplazar la labor del abogado, sino en potenciarla, liberando tiempo para que los profesionales se concentren en lo que realmente importa: la resolución de problemas complejos y el diseño de estrategias jurídicas que generen valor para los clientes. El futuro del sector legal será, sin duda, híbrido: una colaboración entre el conocimiento humano y la evolución tecnológica.
NOTA FINAL: Si bien este artículo es un artículo de opinión y en el plasmo ideas que están en mi cabeza, la IA me ha ayudado a redactarlo. La IA es una gran oportunidad si aprendes a utilizarla.
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